REGRESA A MÍ
Capítulo 3: "Juegos Peligrosos"
Helena se paseó furiosa de un lado a otro de la habitación tratando de controlarse, en un principio creyó que su propia mente le jugaba una broma cruel como en aquellos sueños donde él la esperaba en silencio, hasta que se puso de pie y la saludó fríamente. Sin poder detenerse su cuerpo reaccionó de tal manera que se desconoció a sí misma. Los dedos aún dolían como prueba de que realmente lo había visto y por dios, ¡su padre lo había presenciado!
Observó el vestido verde que reposaba sobre su cama, era de estilo griego largo adornado con cintas de seda que lo hacían lucir sencillo pero elegante, la textura y el peso ligero de la tela provocaban que el caminar de su portadora pareciera flotar en las nubes, simplemente hermoso. Sin embargo el sólo hecho de verlo le atraía recuerdos que no debía invocar y prefería quemarlo antes que ponérselo de nuevo.
Probablemente Alexandro se encontraba abajo aceptando las disculpas de su padre, imaginárselo de pie con la mirada profunda y el porte distinguido hizo que las manos le temblaran. “Estúpida” se reprendió por sentir la necesidad de acercarse a él, debía pensarlo con calma y no actuar como lo había hecho dejando en claro que aún sentía algo por él.
¿Qué más podía hacer? No podía evitarlo, incluso verlo sentado mirándola con el rostro inexpresivo le provocó tal tristeza que reafirmó la inutilidad de todos los esfuerzos por olvidarlo. La había invadido una mezcla de sensaciones familiares que la embriagaron en el pasado, el maldito vuelco en el corazón, la sangre ardiente y el calor subir por su piel apoderándose de cada centímetro. Se odió a sí misma por notar que el tiempo no había causado ni un cambio en él, estaba igual de atractivo y aún poseía el poder innato de moverse como si el mundo le perteneciera, lo odió y a la vez se despreció por desear tocarlo. Las palabras indiferentes provocaron una ira que había jurado enterrar, ahora debía enfrentar una discusión con su padre.
Desvió la vista al pequeño espejo colocado sobre el tocador para encontrarse con su propio reflejo, tenía las mejillas sonrosadas de furia y el cabello fuera de lugar, ¿cómo podría explicarlo?, ¿cómo podría superar su presencia?, ¿Qué haría si se quedaba permanentemente?, “¿qué importa? Lo has olvidado ¿recuerdas?” Intentó convencerse a sí misma pero no resultó, lo había intentado todo y había sido inútil. ¿Para qué torturarse de nuevo? Acabaría con el problema, primero inventaría algo a su padre y después ese hombre saldría de su vida otra vez, sólo debía esperar. Después de todo, ya se había ido antes abandonándola con los recuerdos ¿Qué haría que esta vez fuera diferente?
-Yo no- Eso estaba claro. Los ojos se le humedecieron convirtiendo la habitación en siluetas y colores borrosos.
-Injusto-, apretó las manos de ira mientras murmuraba, -Esto es injusto-
Aflojó la tensión cuando la asaltaron las viejas dudas preguntándose si todas y cada una de las sonrisas habían sido mentira, si cada momento o gesto de amor eran parte de un engaño, ¿realmente era capaz de hacerlo?, “¿aún lo dudas? olvidó los momentos que pasaron juntos y se marchó sin darte una explicación.”
La verdad le dolía en el pecho pero la mantuvo fuerte, no caería de nuevo en el hueco de la depresión por aquél que la había usado. Él era culpable por huir pero ella era aún más culpable por creerle y permitirse vivir un sueño, uno que se había convertido en una pesadilla.
Se frotó los ojos secando las lágrimas que nunca emergieron, tenía que prepararse para lo que estaba a punto de afrontar y lamentarse por un pasado que no volvería sólo la debilitaría.
Se acercó a la ventana asomándose para ver si el coche de Alex aún se encontraba estacionado en la entrada. Sintió alivio al confirmar que se había marchado y por un momento todo pareció claro en su mente.
-Osaste entrar en mi casa, saludarme como si nada hubiera pasado y ¿crees que te irás intacto? No esta vez.- Ella también sabía jugar y ahora era su turno de entregarle un regalo, le daría justo lo que él le había dado ese día, la destrucción total de un sueño y para eso necesitaba saber tres cosas.
¿Por qué había vuelto?, ¿Cuánto tiempo se quedaría?, ambas proporcionaban la información clave para la tercera y más importante de todas: la venganza.
1 Opiniones:
Hola Helyan, soy Rafael de Cuento Semanal, muchas gracias por recomendarme dentro de tu blog. Feliz año.
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