REGRESA A MÍ
Capítulo 1: "Bienvenido a casa"
Tres años habían pasado desde que había huido del lugar, tres años de anhelar su compañía, tres años viviendo apartado sin dar un rastro de vida, ahora no tenía opción, debía enfrentar su pasado, debía hacerlo o todo se iría por la borda.
Alexandro caminó hasta la entrada de la mansión, el porche era el mismo, columnas altas siendo cubiertas por pequeñas plantas enredadoras, el piso de granito y la puerta al frente con largos cristales dentro de la fina madera, la misma que anteriormente se había abierto para él muchas veces, la misma puerta que se selló a sus espaldas de forma brusca cuando él abandonaba el lugar, ahora estaba frente a ella justo como aquella noche, las imágenes lo habían atormentado tanto tiempo y sin embargo, él quería volver allí, abrir la puerta y tomar su vida de vuelta, pero a pesar de haber vuelto, no había sido por su vida, sino para ver cómo iba la de ella, quería comprobar que ella hubiera seguido la suya, que lo hubiera olvidado.
Acomodó los puños de la camisa, pasó la manos y acarició los pequeños cabellos que se habían liberado de su peinado, era la hora, estiró la mano para acariciar la madera y entonces la dirigió hacia el timbre, despacio presionó el pequeño botón, el sonido instantáneamente llenó sus oídos, amargamente tragó cada una de las notas, su mente recordaba perfectamente cada tono, alto, medio y bajo de la canción, aquella que se había memorizado con tal de complacer a la persona que la había escogido, aquella persona que hoy tenía que enfrentar.
Alexandro caminó hasta la entrada de la mansión, el porche era el mismo, columnas altas siendo cubiertas por pequeñas plantas enredadoras, el piso de granito y la puerta al frente con largos cristales dentro de la fina madera, la misma que anteriormente se había abierto para él muchas veces, la misma puerta que se selló a sus espaldas de forma brusca cuando él abandonaba el lugar, ahora estaba frente a ella justo como aquella noche, las imágenes lo habían atormentado tanto tiempo y sin embargo, él quería volver allí, abrir la puerta y tomar su vida de vuelta, pero a pesar de haber vuelto, no había sido por su vida, sino para ver cómo iba la de ella, quería comprobar que ella hubiera seguido la suya, que lo hubiera olvidado.
Acomodó los puños de la camisa, pasó la manos y acarició los pequeños cabellos que se habían liberado de su peinado, era la hora, estiró la mano para acariciar la madera y entonces la dirigió hacia el timbre, despacio presionó el pequeño botón, el sonido instantáneamente llenó sus oídos, amargamente tragó cada una de las notas, su mente recordaba perfectamente cada tono, alto, medio y bajo de la canción, aquella que se había memorizado con tal de complacer a la persona que la había escogido, aquella persona que hoy tenía que enfrentar.
Helena miró al espejo de nuevo, ¿había algún día en el que su cabello amaneciera tal y como ella quería?, desgraciadamente no, su pelo parecía tener vida propia, después de secarse se iba enroscando y enroscando hasta encogerse un poco más de su largo, los cabellos rojizos eran ondulados y rebeldes, su padre decía que eran justo como su dueña, no obedecían una forma específica, no se mantenían quietos y tampoco querían ser amarrados en una coleta, el viejo tenía razón, eran igual a ella, pero eso no significaba que quisiera lidiar con su “gemela”. Molesta cepilló por quinta vez todo, cada uno recobró el brillo como si le hubieran puesto aceite, para mantenerlos un poco quietos colocó un poco de aceites sobre ellos, al cabo de unos minutos su peinado estaba listo, había decidido aventar unos mechones al frente, amarrar unos hacia atrás en media cola y el resto suelto, inevitablemente el pelo se había enroscado formando los preciosos bucles que tenía desde niña, suspiró resignada al verlos, así como se había resignado a vivir.
-Señorita… Disculpe la intromisión, pero debe bajar.-
-¿Hay visita?-
-Efectivamente- La sirvienta se apresuró a sacar un vestido, el verde con los lazos y el escote un poco pronunciado, sólo lo había usado una vez y había querido tirarlo, pero su padre lo consideraba apreciado. Observó con cuidado cómo la chica colocaba unas zapatillas de tacón alto, una peineta y un juego de joyas del mismo tono, confundida se levantó del banquillo para acercarse a la criada.
-¿Es Edward?-
-Señorita, su padre ha pedido que baje de inmediato-
-¿Papá?, ¿es de carácter urgente?-
-Me temo que si- La chica salió apresurada de la habitación dejando a una pelirroja inexpresiva detrás.
Helena miró otra vez el vestido y las imágenes inundaron su mente como lo habían hecho durante sus sueños, los deseos de destrozarlo volvieron como el olor a tierra mojada, aquel olor que había sido su favorito, ése aroma que hoy detestaba al igual que el maldito vestido.
La puerta se abrió frente a sus ojos, la sirvienta inmediatamente lo reconoció dejándolo pasar e indicándole un sofá cerca de la chimenea que ahora lucía apagada y sola.
-Le haré saber que usted está aquí, ¿puedo ofrecerle café o té?-
-Un té, por favor-
-No tardaré, con su permiso-
En cuestión de segundos un hombre canoso de gran porte aristocrático bajó por las escaleras escalón por escalón mirando al hombre que lo esperaba abajo, Alexandro lo observó durante el camino, el Señor Vandervild era tal y como había sido años antes, la mirada cálida, la sonrisa con pequeños hoyuelos en las mejillas y el bigote cuidadosamente peinado.
-Esta es una sorpresa, ¿Cuánto tiempo ha pasado Alexandro?, ¿2 años?- Armand Vandervild abrazó con fuerza al joven que tenía frente a él, lo había extrañado, era el hijo de uno de sus mejores amigos, ante sus ojos era como un segundo hijo.
-Muchos ciertamente- Alexandro sonrió para el hombre, no había esperado un recibimiento tan cariñoso, a pesar de lo mucho que él apreciara a esa familia.
-Ohhh el tiempo pasa volando, y dime muchacho, ¿cómo has estado?- Ambos tomaron asiento, Armand tomó la taza de té y dio un sorbo esperando la respuesta de Alexandro, sin embargo sólo obtuvo una mirada perdida, sus ojos estaban concentrados en la chimenea quizás viendo un fuego fantasma…
-¿Cómo está…?- O quizás observando lo que había dejado atrás.
-Muchacho, no has cambiado nada, años sin verte y lo primero que preguntas es por ella.-
-Señor, usted sabe que…-
-Tranquilo, ¿por qué no se lo preguntas tú?. ¡Marge!-
-Si, mi señor-
-Ve por mi nena-
-Mi señor, la señorita aún descansa-
-No, hace unos momentos pasé por su habitación y la escuché murmurar, estoy seguro que ya está despierta-
-Si, señor- La sirvienta abandonó el hall.
-Verás chico, ella está bien-
-Bien ¿cómo?-
-Bien… sólo bien.-
El rostro de Alexandro se tornó por completo en uno de suma preocupación, para después cambiar a uno más atormentado y triste, Vandervild sólo lo miró tratando de no sentir lástima, el comprendía que todos cometían errores, pero a pesar de ello no entendía por qué el chico se había marchado sin despedirse. Los ojos grises y tristes de Alex, le recordaban tanto a los de su hija, ojos sinceros y dolidos, ojos que reflejaban el sumo dolor por el que la pobre alma había pasado, Vandervild se sentía tan inútil, tenía el poder suficiente para mover una ciudad, comprar una isla y sin embargo, sus influencias jamás serían suficientes como para averiguar qué era lo que había “matado” a su hija, había tratado desesperadamente de devolverla a la vida, sin embargo jamás volvió a escuchar su dulce canto, mucho menos ver su sonrisa verdadera, aquella que un tiempo pudo deslumbrar y cautivar al caballero más poderoso del país. Aquel caballero que ahora tenía la misma mirada de muerto que ella, aquel que amaba como a su propio hijo. Por segunda ocasión, Armand se sintió inútil.
-¿Padre?... ¿qué ocurre?, ¿por qué la urgencia?- La voz femenina convirtió el rostro de Alexandro en el de una estatua, un rostro sin expresión alguna, sólo un vacío se reflejaba en sus ojos, Armand tomó nota de ella y se levantó para dar la bienvenida a su hija, depositó un beso en su frente y la encaminó hacia la sala.
-No te pusiste mi regalo-
-Lo lamento, tenía una mancha sobre la tela- Vandervild rió con el comentario de su hija, ciertamente tenía la audacia y la astucia de su madre, inteligente y temeraria, su esposa había sido la mujer más hermosa del mundo y su hija era tal y como ella había sido.
-Pediré que lo limpien para mañana-
-No hay prisa-
-Se ve hermoso en ti, además la visita lo vale-
-Ohhh…- “Entonces es Edward” pensó mientras formaba una sonrisa complaciente, se acercó a saludar al hombre que ocupaba el sillón favorito de su padre, entonces vio el pelo negro largo, las cejas oscuras y los ojos grises, además del rostro perfectamente cincelado e inexpresivo, su carne se heló al punto que tuvo que detenerse para respirar, debía estar soñando, debía estar en cama y su mente seguía atormentándola con su imagen, pero entonces él se paró e inclinó su cabeza en forma de respeto, pronunciando las palabras que sus sueños jamás dijeron.
-Señorita, me alegra verla de nuevo-
Indignada se soltó de su padre y alargó la mano soltándole una bofetada al imbécil. Sin palabra alguna volvió a su habitación, dejando sólo su perfume atrás.
------------------------------------------------------
Cuento que escribí en Mayo 2008, por el trabajo y la falta de inspiración no fue concluído, ahora es uno de mis objetivos a terminar durante lo que queda de vacaciones, espero les haya gustado, mañana subo el siguiente... (Será más corto que Nightmare, de eso estoy segura).
-Muchacho, no has cambiado nada, años sin verte y lo primero que preguntas es por ella.-
-Señor, usted sabe que…-
-Tranquilo, ¿por qué no se lo preguntas tú?. ¡Marge!-
-Si, mi señor-
-Ve por mi nena-
-Mi señor, la señorita aún descansa-
-No, hace unos momentos pasé por su habitación y la escuché murmurar, estoy seguro que ya está despierta-
-Si, señor- La sirvienta abandonó el hall.
-Verás chico, ella está bien-
-Bien ¿cómo?-
-Bien… sólo bien.-
El rostro de Alexandro se tornó por completo en uno de suma preocupación, para después cambiar a uno más atormentado y triste, Vandervild sólo lo miró tratando de no sentir lástima, el comprendía que todos cometían errores, pero a pesar de ello no entendía por qué el chico se había marchado sin despedirse. Los ojos grises y tristes de Alex, le recordaban tanto a los de su hija, ojos sinceros y dolidos, ojos que reflejaban el sumo dolor por el que la pobre alma había pasado, Vandervild se sentía tan inútil, tenía el poder suficiente para mover una ciudad, comprar una isla y sin embargo, sus influencias jamás serían suficientes como para averiguar qué era lo que había “matado” a su hija, había tratado desesperadamente de devolverla a la vida, sin embargo jamás volvió a escuchar su dulce canto, mucho menos ver su sonrisa verdadera, aquella que un tiempo pudo deslumbrar y cautivar al caballero más poderoso del país. Aquel caballero que ahora tenía la misma mirada de muerto que ella, aquel que amaba como a su propio hijo. Por segunda ocasión, Armand se sintió inútil.
-¿Padre?... ¿qué ocurre?, ¿por qué la urgencia?- La voz femenina convirtió el rostro de Alexandro en el de una estatua, un rostro sin expresión alguna, sólo un vacío se reflejaba en sus ojos, Armand tomó nota de ella y se levantó para dar la bienvenida a su hija, depositó un beso en su frente y la encaminó hacia la sala.
-No te pusiste mi regalo-
-Lo lamento, tenía una mancha sobre la tela- Vandervild rió con el comentario de su hija, ciertamente tenía la audacia y la astucia de su madre, inteligente y temeraria, su esposa había sido la mujer más hermosa del mundo y su hija era tal y como ella había sido.
-Pediré que lo limpien para mañana-
-No hay prisa-
-Se ve hermoso en ti, además la visita lo vale-
-Ohhh…- “Entonces es Edward” pensó mientras formaba una sonrisa complaciente, se acercó a saludar al hombre que ocupaba el sillón favorito de su padre, entonces vio el pelo negro largo, las cejas oscuras y los ojos grises, además del rostro perfectamente cincelado e inexpresivo, su carne se heló al punto que tuvo que detenerse para respirar, debía estar soñando, debía estar en cama y su mente seguía atormentándola con su imagen, pero entonces él se paró e inclinó su cabeza en forma de respeto, pronunciando las palabras que sus sueños jamás dijeron.
-Señorita, me alegra verla de nuevo-
Indignada se soltó de su padre y alargó la mano soltándole una bofetada al imbécil. Sin palabra alguna volvió a su habitación, dejando sólo su perfume atrás.
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Cuento que escribí en Mayo 2008, por el trabajo y la falta de inspiración no fue concluído, ahora es uno de mis objetivos a terminar durante lo que queda de vacaciones, espero les haya gustado, mañana subo el siguiente... (Será más corto que Nightmare, de eso estoy segura).
2 Opiniones:
Saque as! :| Yo ya quiero saber porqué tanto enojo. Anda escribe, te voy a picar las costillas para que termines eso, y para que armes tu run. Yey!
¡Noooo mis costillitas! ya vaa ya vaaa...
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